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Averigua por qué echas a perder tu dieta

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19 mayo, 2016

Tienes pena y abres el refrigerador. Tienes rabia y sacas ese chocolate que tienes guardado en el clóset. Te sientes estresada y asaltas la despensa de tu casa. Si alguna de estas situaciones es frecuente en tu vida, ¡cuidado!, porque puedes estar dentro de la categoría que se conoce como comedor emocional.

“Se habla de un comedor emocional cuando existen dificultades con la expresión de las emociones, lo que se aliviaría comiendo compulsivamente”, explica Paula Díaz, psicóloga del programa de obesidad de la Clínica Santa María. Agrega que a estas personas comer en forma descontrolada, por lo general, les sirve para aliviar o reducir la angustia, ya que tienen dificultad para expresar sus sentimientos, reconocer emociones o manifestar afectos. “A través de la comida intentan rebajar una tensión que les molesta”.

De hecho, según información publicada por la Clínica Mayo, las emociones pueden llegar a estar tan ligadas a los hábitos alimenticios que se come sin detenerse a pensar en lo que se está haciendo. La comida también sirve como una distracción: si estás preocupada por algo o te encuentras en medio de un conflicto, puedes centrarte en ingerir cierto tipo de alimentos calóricos, en vez de enfrentar la situación.

A diferencia de un antojo, que se relaciona con algo placentero al paladar, el comedor emocional por lo general consume una elevada cantidad de calorías en una sola ingesta y se caracteriza por presentar un patrón de restricción alimentaria y de sobrealimentación. Esto, sin duda, puede llevarte a otro problema más: obesidad o sabotear a ti misma cualquier intento por bajar esos kilos de más. Algo más grave aún si ya tienes otras enfermedades como diabetes o hipertensión. “A nivel físico, esta condición puede traer como consecuencia obesidad, resistencia a la insulina, hígado graso o trastorno por atracón, ya que la mayoría de los alimentos que se consumen son muy calóricos. A nivel emocional, es un patrón que se tiende a repetir y mantener en el tiempo. Si no se trata puede gatillar un cuadro de distimia, es decir, una baja autoestima producto de la corporalidad”, dice Paula Díaz.

Según el informe de la Clínica Mayo, cuando las emociones te llevan a comer en exceso el resultado final es a menudo el mismo: esas emociones vuelven y en ese momento, además de lidiar con ellas, debes soportar la carga de la culpa por no haberte podido controlar.

Señales de alerta

Por lo general, controlar la alimentación debido a una preocupación excesiva por el peso y la apariencia física.
 Tener sensación de querer comer sin necesariamente sentir hambre, lo que se traduce en picotear, atracones de comida, elevado consumo de hidratos de carbono.
Dificultad para reconocer emociones.
Incapacidad para distinguir sensaciones de vacío, aburrimiento, desmotivación o molestias que se intentan solucionar a través de la comida.

Soluciones

La buena noticia es que es un problema que sí tiene solución, aunque ésta no se encuentre precisamente en la comida, por contradictorio que parezca. “Tú puedes no darte cuenta de que eres una comedora emocional. Por eso, una de las mayores pistas es notar que comes hasta que te sientes mal o demasiado llena”, dice la psicóloga Leslie Becker-Phelps al sitio WebM.

Si crees que la razón de tu aumento de peso o de que tu dieta no esté dando resultado está ligada a este problema, sigue estos consejos de la Clínica Mayo y de la psicóloga de Clínica Santa María Paula Díaz:

Controla el estrés. Prueba con alguna técnica de manejo del estrés como el yoga, la meditación o la relajación.

Ten una revisión de la realidad del hambre. ¿Es física o emocional? Si comiste hace apenas unas horas y no te suena el estómago, probablemente no tienes mucha hambre. Dale a la ansiedad un poco de tiempo.

Mantén un diario de alimentos. Anota lo que comes, cuánto comes, cuándo comes, cómo te sientes cuando lo haces y con cuánta hambre estás. Con el tiempo, puedes ver ciertos patrones que revelarán la relación entre tu estado de ánimo y la comida.

-Lucha contra el aburrimiento. En vez de picotear cuando no estás realmente con hambre, distráete. Sal a caminar, ve una película, escucha música, lee, navega por Internet o llama a una amiga.

-Elimina la tentación. No mantengas alimentos que pongan en duda tu voluntad.

-No te prives. Cuando estás tratando de bajar de peso, limitas las calorías en exceso, comes casi siempre lo mismo y eliminas las cosas ricas que te gustan. Esto solo sirve para aumentar tus antojos, especialmente en respuesta a tus emociones. Consiéntete con algo de manera ocasional.

-Snack saludable. Si sientes la necesidad de comer entre comidas, opta por una colación baja en grasas, y calorías como frutas frescas, verduras con salsa baja en grasa o cabritas sin mantequilla.

-Consulta con alguna psicóloga especialista en trastorno de conducta alimenticia.

-Aprende. Si caes en una actitud de comedor emocional, perdónate a ti misma y empieza de nuevo al día siguiente. Trata de aprender de la experiencia y piensa cómo lo puedes evitar en el futuro. Centrarte en los cambios positivos y darte crédito por ellos te llevarán a tener una mejor salud.

 

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