Cuando me hago una herida en la mano, hay una parte de mí que está sufriendo, y al mismo tiempo, hay otra parte (quizás la otra mano) que tiene la capacidad de cuidar de la mano herida, dándonos los cuidados que necesitamos. Del mismo modo, todos tenemos una parte de nuestro ser que está expuesta, y a la vez, una parte que es capaz de cuidar.

Cuando cuidamos de nosotros mismos, sabiéndolo o no, ponemos en juego al menos dos dimensiones de nuestro ser. Por un lado aquella parte que requiere ser cuidada, es decir, la dimensión sensible y vulnerable de nuestro ser; y por otro lado, también está en juego la dimensión de nuestro ser capaz de brindarnos el cuidado y la protección que necesitamos, ambas parte forman parte integral quien somos.

Quizás la primera labor del autocuidado no sea la de realizar grandes acciones, sino más bien, sea la de reconocer esta doble dimensión de nuestro ser, por un lado aceptar nuestra vulnerabilidad, no negarla ni minusvalorarla, y al mismo tiempo, reconocer nuestra fortaleza y el coraje de ser compasivos ante nuestro propio sufrimiento.

Si nos detenemos, podemos reconocer que existe una parte de nuestro ser que necesita ser reconocido y cuidado. Necesitamos ser vistos. Aquí las preguntas nucleares de la auto-compasión podrían ayudarnos a explorar esta dimensión, por ejemplo, podríamos preguntarnos ¿Qué necesito en este momento? ¿Qué necesito oír? Si nos hiciéramos esta pregunta en serio ¿Qué responderíamos?

Puede ser valioso hacer de manera práctica esta indagación, darnos unos instantes al día para explorar como estamos y qué necesitamos, podríamos escribir las respuestas que aparezcan.

Algunas preguntas complementarias pueden ser:

¿Puedo hacer algo respecto a lo que necesito? ¿depende de mí o depende de otras personas? ¿Qué específicamente depende de mi? ¿Qué no?

¿Que podrían hacer otros? ¿A quién tendría que pedir ayuda?

Reconociendo una dimensión apreciativa, podría también preguntarme ¿Qué ya he hecho bien antes? ¿Qué me ha permitido cuidarme?

La cara opuesta a la del autocuidado es la del auto-desgaste, el descuido del ser, vivir sin tomar en cuenta nuestras necesidades.

Solo reconociendo aquellas cosas que nos desgastan, aquello que cotidianamente nos hace sentir preocupados, cansados o ansiosos, tenemos la posibilidad de prevenir y tomar medidas para cuidarnos.

Poder identificar aquello que nos desgasta es un paso especialmente relevante, reconociéndolo podemos reducir el impacto que tienen en nuestras vidas. Podríamos preguntarnos honestamente ¿Qué siento que me desgasta hoy? Y escuchar qué aparece.

La segunda dimensión de nuestro ser ante el autocuidado es aquella que tiene la capacidad de cuidar, la dimensión que escucha nuestras necesidades y que tiene la capacidad de emprender acciones hábiles para aliviar nuestro sufrimiento.

Esta segunda dimensión de nuestro ser puede aparecer de modo más claro cuando escuchamos el sufrimiento de otros, y en respuesta a él emerge nuestra empatía y compasión, junto con el deseo de aliviar el sufrimiento.

Si bien la anterior habilidad es muy importante en nuestras relaciones interpersonales, y probablemente está a la base de nuestra capacidad de establecer vínculos afectuosos, no está limitada a cuidar de los demás, también esta habilidad puede estar al servicio del autocuidado.

Del mismo modo que podemos entender y ser compasivos con un buen amigo que la está pasando mal, podemos también aplicar esta habilidad a nosotros mismos, a nuestro propio sufrimiento. En otras palabras, ese buen amigo a quien necesitamos cuidar podríamos ser nosotros.

Todos tenemos la capacidad de desarrollar esta habilidad del cuidado, mas no necesariamente la ponemos en práctica, ni con otros, y quizás menos con nosotros mismos.

Algunas preguntas que pueden ayudarnos a visibilizar esta habilidad de cuidar son:

-Cuando ayudo a otros ¿Cómo suelo ayudar? ¿Cuáles son las principales habilidades que pongo en práctica cuando veo a otra persona pasarlo mal? ¿Qué acciones realizo cuando cuido a los demás? ¿He aplicado alguna vez estas acciones cuando soy yo mismo quién he estado pasando por un momento difícil? ¿Cómo me he cuidado antes?

Por simple que parezca, visibilizar y ser consciente de esta doble dimensión de nuestro ser ante el autocuidado de por si puede ser terapéutico, visibilizar nuestro lado vulnerable, y al mismo tiempo, reconociendo nuestras propias fortalezas y habilidades de cuidado, con la cual podemos abrazar nuestra vulnerabilidad.

Quizás la más genuina integración ocurra cuando nuestra vulnerabilidad sea vista y atendida, no por los demás, sino por nosotros mismos, cuando despleguemos la habilidad de cuidado hacia todos los seres, comenzando por el ser más cercano que tenemos, nosotros mismos”.