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Las claves para que el miedo no te paralice

Rocío Cáceres

25 agosto, 2016

Partiré esta columna con la reflexión que había escrito al final porque grafica muy bien lo que sentí tras desafiar el miedo que me produjo estar con los pies lejos del suelo, enfrentarme a la altura y a un espacio desconocido para mí.

Aunque me costó decidirme y tomar la iniciativa de partir a escalar en roca, estoy feliz de haberlo hecho. El aprendizaje valió la pena. Haber podido enfrentar el miedo y salir victoriosa, me llena de orgullo y me hace reflexionar sobre todas las cosas que podemos perder si dejamos que el miedo nos supere. Tras lograr mi desafío me fui con el corazón hinchado, orgullosa de haber ganado esta batalla y de que a pesar del susto que me producía, fui capaz de seguir adelante, no lo abandoné y lo disfruté.

El inicio del desafío…

chacabuco_1

Saliendo de Santiago, camino al norte, me dirijo junto a unos amigos a Chacabuco, un lugar donde es común ver escaladores desafiando la roca. ¿Qué me llevó a vivir esta experiencia nueva y desafiante? No estoy segura. Quizá estoy aquí por la insistencia de mi amiga. No sé bien por qué, pero me armé de valor y decidí, finalmente, aceptar su invitación.

Tras casi una hora de viaje, camino al norte, llegué a un lugar maravilloso, uno de los tantos que hay en Chile para practicar escalada deportiva.

Mi primer impacto: el escenario. ¡Qué lindo! No deja de asombrarme lo bello que es nuestro país. No necesitas ir muy lejos, hacer maletas, o tomar un avión para disfrutar de lugares como en el que me encontraba en ese momento.

El nervio empieza a apoderarse de mí. Puedo sentir “mariposas en mi guata”.

Estacionamos el auto a la orilla de la carretera, en la cuesta de Chacabuco. Desde ahí puedo apreciar el increíble paisaje frente a mí. Una gran roca imponente y desafiante, rodeada de vegetación, en un entorno ¡muy impresionante! Desde ahí ya se escuchan las voces de los escaladores haciendo lo suyo. Ya no hay vuelta atrás, no me puedo devolver, solo me queda ser valiente y ¡seguir adelante!

Solo avanzar…

primera ruta

Después de un pequeño trekking llegamos al pie de la roca donde elegimos la ruta que vamos a escalar. Desde ahí se ve mucho más grande e imponente. Siento como el miedo empieza a subir por mi cuerpo. Mi pecho se aprieta y me cuesta respirar. Estoy en el punto donde debo sacar mi equipo y prepararme para subir. ¡Uff!, ya estoy! Voy a escalar, no hay vuelta atrás.

Mientras espero mi turno, respiro una y otra vez tratando de relajar mi cuerpo. Aplico todas las técnicas que el yoga me ha enseñado. Puedo sentir una lucha interna en mi cuerpo contra ese miedo que quiere apoderarse de mí.

Llega mi turno. Al parecer, ¡no estaba preparada para ser la segunda en subir! ¡Quiero salir corriendo!, pero ya no puedo. Estoy con el arnés puesto, asegurándome. ¡Respiro!

Sin darme cuenta, estoy ahí agarrada a la roca con todo. Soy como una ventosa. Mi cuerpo se tensa, no puedo mirar hacia abajo, ni tampoco hacia mi espalda. ¡Siento que me voy a caer! Sé que es algo imposible porque estoy asegurada con una cuerda, pero es lo que produce el miedo que ya se ha empezado a apoderar de mí. ¿Cómo?, ¡paralizándome!

Me paso mil películas de lo que puede pasar, cada una más terrible que la otra. No he subido ni dos metros y todo mi cuerpo me dice -¡baja!- ya es suficiente. Todavía faltan por lo menos 20 metros más por subir. Me siento apretada. Todo mi cuerpo está contraído por el miedo, el estrés y el esfuerzo. Creo que lo único que me anima a seguir son mis amigos alentándome desde el tan seguro suelo. Solo escucho sus voces, porque, claramente, no existe ninguna posibilidad de que pueda mirar hacia abajo. Llego a la cima, no sé bien cómo, y sin entender todavía mucho lo que estaba pasando. Aún no puedo mirar hacia atrás, ni menos hacia abajo. Me tomó aproximadamente 15 minutos subir, los que se sienten como ¡horas! aquí arriba.

Misión cumplida…

Aturdida por esta primera escalada, empiezo a descender, y mientras bajo la sensación de alivio ¡se siente tan bien! Una vez en suelo seguro, tomo consciencia de que acabo de desafiar al miedo y de que ¡lo he vencido!

Quizá el miedo también me ayudo a subir. Por ahí escuché a alguien que decía: “Si no sientes miedo, no puedes ser valiente”, no lo sé. De lo que sí estoy segura es de que estoy disfrutando mucho de este sentimiento de felicidad y adrenalina.

Esto me recuerda una y otra vez, lo importante que es no permitir que el miedo te gobierne y atreverse a hacer, a traspasar y cruzar esa barrera que muchas veces construimos convencidas de que nos protege. Hacerlo nos entrega una falsa seguridad y nos hace quedarnos atrás, sin arriesgarnos a ver lo que puede estar esperándonos del otro lado, que seguro ¡siempre será mejor!

Sigo escalando algunas rutas más y cada vez lo siento más amigable y relajado. No es que el miedo desaparezca, creo que siempre va a estar ahí, tocándote, pero la gracia es no dejar que te domine. Por ahora creo que está controlado. Después de la última subida, me armo de valor y me giro para ver desde la altura, el paisaje maravilloso que estaba ahí frente a mis ojos y que hasta ahora no me había atrevido a mirar.

Misión más que cumplida. ¡A seguir desafiando al miedo!

 

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