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Saliendo del estado de confort

Rocío Cáceres

23 mayo, 2016

A principios del año pasado regresé de mi cuarto viaje a India, con la ansiedad de lo que se me venía por delante y las ganas de concretar lo que ya venía dando vueltas en mi cabeza y en mi corazón desde algunos años. Siempre he funcionado muy desde la cabeza, ha sido ella la que ha tomado las riendas de mi vida,  por lo que ahora era el momento de escuchar a mi corazón.

La señal fue clara: la revista en la que trabajaba desde hace tres años como directora de arte, cerró. Era el momento de dar un paso al lado, armar las maletas y tomar un avión con destino a Goa-India. Qué locura me hace regresar una y otra vez a este país tan extremo, de tantos contrastes, olores, espiritualidad, ruido, vacas, chai… algo que para una mujer “turista” no resulta nada fácil… La respuesta: ¡el yoga!

Hace ya más de 13 años que inicié mi camino en esta disciplina y es lo que me lleva a volver cuantas veces puedo a India para estudiar con mis maestros y nutrirme de conocimientos y espiritualidad.

Se dieron las cosas y me subí a ese avión con un sentimiento extraño, no teniendo mucha claridad de lo que pasaría al regresar, lo único que tenía claro era que mi ticket decía aeropuerto de Mumbai.

india 037En mis viajes anteriores a India, nunca me importó mucho que pasaría a mi regreso. A veces tenía un trabajo que me esperaba y otras no, pero no era tema. Siempre  salía algo, una pega por aquí, otra por allá. Pero ahora era diferente, sabía que al volver a Chile, apostaría por algo nuevo, por un cambio de vida, arriesgándome a salir de la zona de confort, en la que todos nos sentimos tan seguros y cómodos, para hacer lo que me decía mi corazón, ponerle ganas y cruzar el río…

Después de tres meses intensos en Goa y dos más en Nueva Zelanda, regreso a Chile, pero antes hago una pequeña escala en Brasil para asistir a un matrimonio amigo –  como si de alguna manera, sin proponérmelo, estuviera tratando de retrasar este encuentro con mi destino. ¡Qué ansiedad! tantas preguntas… ¿Lo voy a lograr? ¿Seré capaz? ¿Podré vivir de esto? Y el miedo que me rondaba a ratos tratando de ganarme.

Miedo a no recibir un sueldo seguro a fin de mes. Miedo a no tener ese seguro de salud asociado, que me ayudó muchísimo cuando lo necesite. Miedo a no tener la empresa que te respalda por cualquier cosa. Lo que siempre tuve claro era que no tenía que dejar que me gobernara el miedo, y qué importante es no dejar que se apodere de ti.

Y… ¡Me subí a la micro!

Mi objetivo: ser profesora de yoga tiempo completo y no morir en el intento. Luego de tres meses sin nada más que dedicarle energía y atención a mi emprendimiento, me doy cuenta de que sí, ¡lo logre! y no me arrepiento. Qué bien se siente trabajar para ti en lo que te apasiona, pero además poder ayudar a otras personas y verlo reflejado día a día, cuando los alumnos te dan las gracias desde el corazón. Esto me confirma una y otra vez que ¡hice lo correcto! No cierro las puertas al diseño -es lo que estudie y en lo que trabaje por mas de 15 años- pero ahora todo está en movimiento, nada es seguro, el destino puede cambiar rápidamente. Por ahora estoy feliz y nutriéndome de la experiencia, aprendiendo a soltar y dejar que las cosas ¡fluyan!

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